Es un tema para tener cuidado. Personalmente tengo dos SIM card, ambas a mi nombre: una de uso diario y otra para contratar servicios.
Era bastante descuidado con esto. A veces escribía desde mi número personal y otras desde la SIM alterna; además, la mayoría de las veces pagaba los servicios desde mi Nequi y siempre dejaba rastro de mis datos personales. No sé si es mi fetiche o qué, pero normalmente le escribo a servicios que sé que no voy a contratar solo porque envíen alguna foto, o para ver si es alguna dirección cercana; antes entraba a mileróticos solo a ver las fotos de las viejas y a escribirles a las que estuvieran buenas, pero no contrataba ningún servicio.
También soy de los que van al sitio y, si no me gusta la hembra, me invento algo y me voy de la habitación, haciéndole perder el tiempo a la que me esperaba, la bañada y alistada. Eso lo hice muchas veces. Normalmente decía que se me había bloqueado la cuenta: “déjame voy al cajero y saco el efectivo y regreso”, y de una la bloqueaba.
Una vez contraté un servicio en el hotel que está al lado de Rodizio de la 43, frente a Cali Brasas. La hembra no estaba fea: yo llegué, me senté, ella me dijo “espera” y se bañó. Entró, se bañó y se puso bonita. Cuando se me acercó y me dijo “amor, ¿por qué medio vas a transferir?”, en el costado de la nalga derecha y en el fémur tenía varios carbuncos, como unos tres o cuatro, unos ya drenados y otros a punto de reventarse. Qué asco. Yo pensé: esta vieja debe tener alguna enfermedad, no voy pa esa. Me inventé lo de la cuenta y me fui, y la bloqueé.
Luego comencé a recibir mensajes de números raros: “ya sabemos que eres el sapo, cuídate, ya sabemos toda tu información”. Anduve rallado esos días. Un día me llamaron; ya obstinado, decidí contestar. El man se hacía pasar por integrante del Tren de Aragua y me pedía que le enviara 1 millón de pesos inmediatamente a una cuenta que me envió por WhatsApp, o si no, que ya iba a ser objetivo militar por parte de su grupo. Yo le dije: “hermano, yo mi plata no se la regalo a nadie, y usted no sabe con quién se está metiendo; no más es que venga a buscarme y verá la que se va a armar”, y le dije: “ya sé quién es la perra que está detrás de esto y dígale que se cuide la espalda, jajajaja”. Esos días pasé asustado, pero dejaron de molestarme. Ni siquiera cambié mis números. La vieja ya no aparece en mileróticos; no sé si en serio soy objetivo militar del Tren de Aragua o si todo era para sacarme plata.
Pero sí hay que tener cuidado: esas viejas pueden estar financiadas por bandas criminales y con esa gente no se juega. Por eso ya no escribo a servicios que no voy a contratar, y a los últimos pocos que he contratado voy con mi efectivo.