Frank Miller
RECONOCIDO
Mi cita con Catalina fue genial. Hacia calor ese día y buscaba refrescarme entre las piernas de una dama, Ojalá bonita, delgada con caderas y senos como pechuga fresca.
Así la encontré, luciendo esa receta.
Blanca, caribonita perversa, no más alta que yo (1.65 le pongo) y me miraba con gusto, me hablaba pechichona con la boca como haciendo pucheros en unos labios carmesí, lo suficientemente gruesos para formar un corazón con ellos. Un pelo medio largo a lo italiana, no es pelirroja.
Después de lavarme un poco, me jaló hacia la cama muy candorosa, me abrazó de tal forma que me hizo perder la usual desconfianza que uno lleva porque sabe que ellas actúan. Sentía su cuerpo acoplándose al mío con facilidad mientras sentía sus besos en mi cuello.
El condón entró al juego como me encanta, con su boca ajustándolo con sus dientes. Una mamada maravillosa! Allí me entusiasmé más al ver cómo disfrutaba que cada vez la tenía más dura y grande. No se afanó nunca, y de manera natural (insisto en eso) se puso de rodillas, me untó KY, y con una rodilla arriba y la otra en la cama se metió con su mano mi gran palo en su vagina mientras sus ojos se volteaban hacia el techo al tiempo que abría la boca como Amaranta Hank
. Sus movimientos de auto empuje estaban cargados de sensualidad y elasticidad. Jugué con sus senos duros en mi boca, los mordí, los apreté con mi mano, me detenía a verlos, a ver su cara, me asomaban a ver cómo movía su culo rítmicamente.
Hacia lo que le pedía, aunque no exageré, con moderación y contando con su complicidad, la puse abajo y le di duro en misionero, sus gemidos ya eran reales, se jalaba una rodilla, me abrazaba con sus piernas y me acariciaba, creo que siempre me estuvo acariciando con sus piernas, manos y cuerpo a cuerpo. Las pieles estaban cálidas y se entendían.
No diré todas las posiciones porque eso es redundar. Pero la que más me gustó fue ponerla boca abajo con una rodilla adelante, así se le veía un culito hermoso, terso y apetitoso. Olía muy rico, sin exagerar, me complacía mirándome y gimiendo como si fuera mi novia de hace meses. Seguí clavándola duro y suave, lento y rápido, enganchandola hasta sentir su más profundidad vaginal donde le gustaba porque el gemido lloraba incado.
Así vacíe casi un cuarto de leche caliente en el látex mientras ella movía su cadera.
El sitio es la popular casa diagonal a Santa Cruz, en la carrera 48 con 69. Es una casa antigua pero estaba todo limpio y ordenado.
Le doy 8 de 10.
Es la de la foto con algo de belleza añadida pero si yo se los digo créanme.
No es de gimnasio pero es muy joven, como de 23 máximo.
Repetiría diez veces.
Así la encontré, luciendo esa receta.
Blanca, caribonita perversa, no más alta que yo (1.65 le pongo) y me miraba con gusto, me hablaba pechichona con la boca como haciendo pucheros en unos labios carmesí, lo suficientemente gruesos para formar un corazón con ellos. Un pelo medio largo a lo italiana, no es pelirroja.
Después de lavarme un poco, me jaló hacia la cama muy candorosa, me abrazó de tal forma que me hizo perder la usual desconfianza que uno lleva porque sabe que ellas actúan. Sentía su cuerpo acoplándose al mío con facilidad mientras sentía sus besos en mi cuello.
El condón entró al juego como me encanta, con su boca ajustándolo con sus dientes. Una mamada maravillosa! Allí me entusiasmé más al ver cómo disfrutaba que cada vez la tenía más dura y grande. No se afanó nunca, y de manera natural (insisto en eso) se puso de rodillas, me untó KY, y con una rodilla arriba y la otra en la cama se metió con su mano mi gran palo en su vagina mientras sus ojos se volteaban hacia el techo al tiempo que abría la boca como Amaranta Hank
Hacia lo que le pedía, aunque no exageré, con moderación y contando con su complicidad, la puse abajo y le di duro en misionero, sus gemidos ya eran reales, se jalaba una rodilla, me abrazaba con sus piernas y me acariciaba, creo que siempre me estuvo acariciando con sus piernas, manos y cuerpo a cuerpo. Las pieles estaban cálidas y se entendían.
No diré todas las posiciones porque eso es redundar. Pero la que más me gustó fue ponerla boca abajo con una rodilla adelante, así se le veía un culito hermoso, terso y apetitoso. Olía muy rico, sin exagerar, me complacía mirándome y gimiendo como si fuera mi novia de hace meses. Seguí clavándola duro y suave, lento y rápido, enganchandola hasta sentir su más profundidad vaginal donde le gustaba porque el gemido lloraba incado.
Así vacíe casi un cuarto de leche caliente en el látex mientras ella movía su cadera.
El sitio es la popular casa diagonal a Santa Cruz, en la carrera 48 con 69. Es una casa antigua pero estaba todo limpio y ordenado.
Le doy 8 de 10.
Es la de la foto con algo de belleza añadida pero si yo se los digo créanme.
No es de gimnasio pero es muy joven, como de 23 máximo.
Repetiría diez veces.
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