Una joya oculta en el Restrepo 322-35_43275. | DonColombia

Reseña Una joya oculta en el Restrepo 322-35_43275.

GAMB

REGISTRADO
Atributos Físicos y Generales


1 Estilo de trabajo: Independiente.


2 Edad: Madurita, entre 40 y 50 años.


3 Color de piel: Blanca.


4 Estatura: Bajita, aproximadamente 1.50 m.


5 Cara: Rasgos maduros, se nota mayor que en sus fotos pero agradable.


6 Senos: Naturales, acordes a su contextura delgada, un poco caídos por la edad.


7 Cola: Pequeña, delgada, un poco flácida pero bien dispuesta para el combate.


Atributos NO Físicos


1 Aseo: Excelente. Se bañó antes de atender y se cepilló los dientes. Olía muy bien.


2 ¿Da besos?: Sí, cariciosa. Besa el cuerpo, el pecho y el abdomen como si fuera la novia.


3 Calidad del oral / anal: Oral al natural de nivel premium. Técnica de piernas al hombro, muy morbosa, profunda y escupidita. No se le midió al anal en este rato.


4 Tarifa: 60.000 COP el rato (me incluyó el oral natural por la espera).


Otros Atributos


1 Calidad del sitio: Regular. Cuarto pequeño y cama estándar de casa de citas.


2 En dónde fue el servicio: Casa de segundo piso cerca de la Primero de Mayo, sector Restrepo (Bogotá).


3 ¿Es como las fotos?: No del todo, en las fotos del foro se ve un poco más joven.


4 Calificación final: 8.5 / 10 (La espera de 30 minutos le baja puntos, pero el nivel del oral compensa el tiempo perdido).


5 Comentario general:

Llegar a la Primero de Mayo con Restrepo siempre tiene ese ambiente pesado de la noche bogotana, pero la promesa de un oral de campeonato me hizo picar el acelerador. Había leído maravillas de Margarita en un par de páginas y el morbo me venía carcomiendo la cabeza desde hacía días. Cuadré la nave, pagué el parqueadero por adelantado y caminé a ritmo firme hacia la dirección: una casa de segundo piso discreta, de esas perfectas para pasar desapercibido.


La cita estaba pactada, pero al llegar me tocó comerme una espera de 30 minutos porque la vieja estaba ocupada. El desespero me estaba jugando una mala pasada, e incluso me ofreció entrar con una compañera para agilizar el asunto, pero yo iba con el objetivo fijo: quería probar la boca de Margarita. Le advertí, con tono de juego pero directo, que si me hacía esperar, la recompensa tenía que valer la pena. Con una sonrisa coqueta y madura me dijo que sí. Cuando por fin se liberó, se metió a pegarse un baño y a cepillarse los dientes, un detalle de fina coquetería y aseo que uno como cliente siempre agradece enormemente.


Al entrar al cuarto, me encontré de frente con una milf blanca, bien bajita, rozando el metro cincuenta, y de contextura delgada. Se le notaban los años, una madurita de sus 40 a 50 bien puestos; en las fotos de los foros se alcanzaba a ver un poco más joven y el tiempo ya había hecho que su piel estuviera un toque flácida, pero a mí ese flow de mujer experimentada me fascina. El cuarto era pequeño, con una cama regular, pero yo no iba a evaluar diseño de interiores, iba por la acción.


Le solté las 60 lucas del rato y, haciendo honor a su palabra por haberme dejado esperando, me cantó que me incluía el oral completamente al natural. Ahí empezó la verdadera faena. Margarita se me transformó encima; me empezó a besar el pecho y el abdomen con la dedicación y el cariño de una novia, algo supremamente raro en este ambiente. Yo procuro ir siempre bien bañado y oliendo a buen perfume, y créanme, muchachos, que oler rico desde el inicio hace que estas viejas se esmeren el triple.


De un momento a otro, me acostó bocarriba y aplicó su técnica maestra: metió sus manos por debajo de mis piernas y, cuando menos lo pensé, me tenía con las piernas montadas sobre sus hombros. ¡Qué locura de vieja! Se pegó a ese tetero como si no hubiera un mañana. Tenía una boca bendita, se lo tragaba absolutamente todo, chupando con una fuerza que me hacía arquear la espalda. El morbo era total: me miraba desde abajo con los ojos inyectados de lujuria, escupiendo la verga con generosidad para que entrara suave y profundo. Yo empecé a empujarle la cabeza, ahogándola contra su garganta, y la vieja, en vez de quejarse, pedía y pedía más, tragándose cada centímetro sin asco. Literalmente, le rellené la boca de puro placer.


Ya con el bicho completamente en candela por semejante mamada, la volteé en cuatro sobre la cama regular. Verle esa colita delgada apuntando al techo me terminó de prender. Le di un rato de castigo, pero la cabeza ya la tenía estallada por la succión de su boca. A los pocos minutos, le pedí que se la sacara, me quité el condón y le dije que quería venirme mientras me lo chupaba. Margarita no puso ningún problema: volvió a arrodillarse, abrió esa boca milagrosa y me la empezó a ordeñar al natural hasta que me vine con toda la fuerza en su garganta. Me limpió con total frescura, se fue a bañar y quedamos parados. Una vieja muy parchada, con sus años encima, pero con una boca que es una bendición.
 

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