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Follé con mi novia, su madre y sus hermanas (Capítulo 4) 1
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Follé con mi novia, su madre y sus hermanas (Capítulo 4) Relatos Eroticos
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CUARTA PARTE: Rompiendo esquemas y algo más

Camino a casa pensaba en varias cosas. ¿Por qué el drástico cambio de actitud de la madre de Majo después de que follamos? ¿Le habría pasado algo a Majo? ¿Habría llegado ya a casa de su amiga? ¿En verdad habría ido a casa de su amiga o a otro sitio?

Apenas llegué a mi apartamento pensé en llamarla para saber cómo le había terminado de ir. Pero era algo tarde ya, me pareció mejor preguntarle por Whatsapp. Majo respondió rápidamente, me dijo que ya estaba en casa de Catalina, que de hecho ya estaba acostada tratando de conciliar el sueño. Me agradeció por preocuparme por ella, me deseo una linda noche y finalizó su mensaje con un te amo. Quedé un poco más tranquilo y decidí ir a darme un duchazo, después de todo me sentía algo pegajoso después de esa noche agitada. Mientras estaba en la ducha me sentí como un estúpido; si Majo me había respondido tan rápido el mensaje, debí haberla llamado en ese momento, al final de cuentas no era lo mismo para mi acostarme a dormir sin haber escuchado su voz. Una vez que terminé de bañarme, tomé el celular y la llamé. No contestó. Hice un segundo intento pero nuevamente timbró y timbró hasta que me mandó al buzón de mensajes. Asumí que ya estaría dormida y sin pensar más en ello me fui a dormir. Estaba exhausto.

Al siguiente día, muy temprano en la mañana llamé a su amiga, a Catalina. Era su mejor amiga desde hace muchos años, pero a mí, sinceramente, me desagradaba. Me parecía una mujer hueca y superficial, era una ignorante de tiempo completo. Eso sí, debo decirles que estaba bastante buena. No voy a dar mayores detalles sobre ella; lo único cierto es que tenía un cuerpo bastante provocativo. Su cara por el contrario, estaba en desorden; era notorio el escaso esfuerzo de sus padres a la hora de hacerla.


La llamé y le pregunté por Majo. Al instante me la pasó al teléfono. La noté iracunda. Me reclamó groseramente del por qué la llamaba al celular de su amiga. “¿Acaso no confías en mí?... si te digo que dormí en la casa de Catalina, espero que me creas y no que empieces a jugar al detective”. Al terminar la frase colgó. Me puse de mal humor, pero luego pensé que quizás tenía razón. Estuvimos de pelea un par de días por eso pero luego todo volvió a la normalidad.

Pasó el tiempo, pasaron meses y meses. Sin darnos cuenta llevábamos saliendo por dos años y medio con Majo. Nuestra relación se había ido deteriorando, si bien aún nos queríamos, compartíamos momentos especiales, disfrutábamos juntos de cualquier tipo de placer; parecía que algo fallaba. Ya no era igual que en un comienzo. Tenía claro que aún la amaba y daba por hecho que ella lo hacía de igual manera, pero ahora discutíamos con más frecuencia, por cualquier cosa; es más, gran parte del tiempo andábamos de pelea. Era como si constantemente el uno quisiera imponerse sobre el otro, era una guerra de dominio. Casi siempre resolvíamos nuestros problemas de la mejor manera posible...

Laura, su otra hermana que vivía en casa, llevaba varios meses planeando su boda. Se iba a casar y por supuesto que estábamos invitados. Tenía bastante claro que yo iría a ese matrimonio solo por ser el novio de turno de Majo. Laura y yo, hasta ese entonces, nunca pudimos entrar en confianza. Nuestra relación se daba en un tono muy formal, era respetuosa a tal punto que no admitía conocer detalles específicos o íntimos de nuestras vidas.

Recuerdo que cuando empecé a salir con Majo, la hermana que me generaba más fantasías era Laura. Pero su carácter cortante y frío hizo que ese deseo se fuera diluyendo. Para ese entonces me calentaba bastante ver a Laura con cualquier tipo de pantalón. Era una mujer a la que siempre se le marcaba la vagina, sin importar lo que llevara puesto; bueno, cuando usaba faldas era imposible que se le marcara algo, pero con cualquier otra prenda era imposible no mirarle allí. Al igual que sus dos hermanas menores, heredó una contextura delgada. Era bastante flaca, no tanto como Majo; de hecho se parecía mucho más a Esperanza. Pero era más alta, su pelo era castaño y liso. Sus ojos también eran marrones, eran grandes y expresivos como los de sus hermanas. Sus senos eran considerablemente grandes, un poco más que los de Esperanza pero no tanto como los de su madre. De su culo no voy a hablar ya que es casi inexistente.
Ahora, luego de conocerla por un largo par de años, mi fascinación por ella había disminuido, casi desaparecido. Realmente lo que más me gustaba de ella eran sus amigas pero con dificultad lograría que me las presentara.

El matrimonio de Laura implicaba dos hechos que tenían muchísima importancia para Majo y para mí. Al casarse se iría a vivir con su esposo, lo que significaba que, en los momentos en que Majo y yo nos poníamos calientes en su apartamento, tendríamos que estar pendientes de una persona menos. También traía consigo otra buena noticia para nosotros, había una boda, seguida de una recepción para invitados con fiesta incluida. Para Majo y para mí esto significaba que teníamos la oportunidad de tirar en dicho evento, jamás lo habíamos hecho en la fiesta de una boda y, estando tan cerca la fecha, nos moríamos de ansiedad porque ese día llegara.

El día de la boda pasé por el apartamento de Majo para recogerla. Lucía hermosa. Todas lucían divinas, Laura, Esperanza y su madre. Yo odiaba usar corbata, pero esta era una de esas ocasiones en que se hace necesario. Finalmente, me convencía a mí mismo de que valía la pena hacer dicho sacrificio si la recompensa era follar con Majo en el evento. Llegamos a la Iglesia, allí se encontraron con muchos familiares, fue un momento algo incómodo. Como no soy directamente familiar de nadie allí, pasé de largo saludando a los presentes sin detenerme a intercambiar una conversación dado desconocimiento y falta de confianza. En el banquillo me senté junto a Majo como era de esperarse, y junto a una señora que sentía mucho entusiasmo cantando las canciones de la iglesia. ¡Qué vieja insoportable! Pero dispuesto a todo debes estar si en el evento de boda quieres follar…

Era inaudito. Durante la misa de matrimonio, Esperanza, que estaba en diagonal hacia nosotros, miraba de reojo y aprovechaba cualquier descuido de Majo para coquetear conmigo. A esta altura ya no me incomodaba si no que me hacía gracia. Al lado de ella estaba Karla, la hermana mayor. Karla realmente es medio hermana de este grupo de provocativas mujeres. Es la mayor de todas y es producto de un descuido juvenil de Mariajosé; en la época en que aún no conocía al padre de Majo, Laura y Esperanza. Otro día les hablaré de Karla, que a mi parecer es la mujer más buena de esa familia.

La misa terminó, afortunadamente, y todos los allí presentes salimos rumbo a un pequeño salón de eventos que no quedaba muy lejos de la iglesia donde estábamos. Majo y yo sabíamos que nuestro deseo estaba a punto de cumplirse, solo era cuestión de tiempo para poder concretar dicha fantasía.


Llegamos al lugar del evento y todos los invitados nos fuimos acomodando en las mesas de acuerdo a la importancia que tenía cada uno en referencia a la cercanía o vínculo familiar que se tenía con los novios. No lucía bien esta situación, yo, por ser el novio de Majo estaría en la mesa destinada a los hermanos y hermanas de los novios. Por supuesto que sería complejo soportar a Esperanza en la misma mesa, pero al fin y al cabo yo tenía claro a lo que iba. ¿Debo repetirlo?

Y mientras los invitados charlaban y bebían, esperando por la comida y luego por un brindis por los recién casados, Majo abandonó su puesto. Pidió disculpas a los que estábamos allí en la mesa diciendo que iría al tocador. Inmediatamente fingí que entraba una llamada a mi celular, no sé si lució creíble o no, pero lo cierto es que me dio la posibilidad de abandonar la mesa sin parecer grosero con quienes estaban allí. Alcancé a Majo en la entrada a los baños, optamos por entrar y hacerlo en el de mujeres ya que habitualmente es más limpio.

Nos encerramos en un cubículo y empezamos a besarnos. Como sabíamos que parecería sospechoso que ambos desapareciéramos al mismo tiempo, intentaríamos no demorarnos y por supuesto no volver juntos a la mesa. Majo apenas se subió el vestido lo suficiente, corrió su tanga hacia un costado, mientras yo bajaba por completo mis pantalones. Me montó y empezamos a culear sentados sobre el inodoro. Majo se cubría la boca con una de sus manos, tratando así de evitar el ruido y llegar a ser descubiertos. Rápidamente cambió el ritmo y empezó a sacudirse fuertemente sobre mí. No mirábamos fijamente a los ojos y éramos cómplices de esa situación que tanto nos calentaba. Tuvimos suerte, durante los cortos cinco minutos en que follamos a todo dar, nadie entró en el baño. El momento de mi orgasmo fue un dilema; podía manchar con facilidad el lindo vestido de Majo, que por cierto era negro, o mis pantalones, que eran del mismo color. Majo fue muy hábil. Estuvo siempre muy pendiente de detectar en mis gestos cuando llegaría ese momento. Cuando lo vio venir, rápidamente se quitó y se arrodillo buscando atrapar todo mi semen con su boca. Era difícil porque tenía que ser justo allí, de permitir que cayera en cualquier otra parte de su rostro se arruinaría su maquillaje. Una vez cumplida nuestra fantasía, acordamos que ella saldría, echaría un vistazo a la puerta y me avisaría si era seguro salir de allí, fue sencillo. Volví a la mesa, no había pasado hasta ahora nada nuevo. Majo llegó cinco minutos después y se sentó al lado mío como si nada hubiese ocurrido.

Los novios no parecían estar disfrutando mucho del evento. Laura estaba pendiente de cómo salía la organización de la fiesta, mientras que su esposo estaba sentado junto a sus padres y los padres de la novia, en lo que supongo yo, era una charla tensa. Yo permanecía en la mesa, realmente aburrido porque al ver mi objetivo cumplido no veía por cuál razón debería seguir estando allí. Los demás asistentes ya tenían una copa de licor en sus manos; supongo que las habían repartido mientras que estaba con Majo en el baño. Estar en ese evento y sin si quiera una gota de alcohol en mi organismo se me hacía una tortura. Me levanté de la mesa y le dije a Majo que volvería en un rato, que iría a buscar un trago. Le pregunté si ella quería uno, a lo que respondió que sí.

Di una vuelta por todo el salón buscando si habían dejado una bandeja llena de copas por ahí a la deriva. Como no la encontré fui a la cocina para buscar allí a algún mesero que me alcanzará un par de copas.

 
Me llevé una tremenda sorpresa apenas entré a la cocina. Mis ojos no podían creer lo que veían. Era Laura, estaba follando con un cocinero. Ella estaba apoyando sus manos sobre un mesón mientras el cocinero la penetraba desde atrás. No se habían dado cuenta de que yo estaba allí, así que me escondí antes de que notaran mi presencia. Me agaché y me hice atrás de unas bolsas enormes que estaban llenas de pan. Levantaba mi cabeza lo suficiente para poder seguir viéndolos. Follaban fuertemente, pero lo que hablaban o cualquier otro tipo de sonido que saliera de ellos quedaba tapado por el ruido que hacían las ollas y los invitados al otro lado de la puerta. Noté como Laura lo apuraba para que acabara, el cocinero le daba con todas las ganas y fuerzas que tenía. Finalmente terminaron, lo vi empujar a Laura con dureza un par de veces y luego desplomarse sobre su espalda. Me preguntaba si la recién casada se estaba protegiendo.
Haber visto esto me calentó muchísimo. Pensé en salir de allí y buscar nuevamente a Majo para repetir, pero ya la fantasía estaba cumplida, no valía la pena repetir exponiéndonos a ser descubiertos. Rápidamente descarté esa idea y pensé en lo que acababa de ver. Laura no estaba mal y si estaba dispuesta a volver cornudo a su marido con un cocinero, ¿por qué no conmigo?
Al final de cuentas yo tenía una gran ventaja; había visto todo y podía jugar cruelmente con el chantaje, hacerle sentir que estaba en mis manos, convertir el supuesto día más feliz de su vida en el más bochornoso.

El cocinero se rehízo y continuó con sus labores. Noté como Laura lo apuraba para que sacara rápido los platos para los invitados. Apenas terminó de darle órdenes al cocinero la vi venir, hacia la puerta, iba a volver al salón junto a los invitados. Era ahora, era el momento de actuar. Justo cuando iba pasando al lado de la bolsa, tras la cual yo permanecía escondido, me levanté y ella se llevó tremendo susto. “¿Qué haces acá?” me increpó la infiel y descarada mujer. Estuve en silencio un par de segundos, mirándola a la cara, dio un paso al frente, acercándome y le dije, “acabo de verlo todo”. Se quedó en silencio por un instante; tragando saliva me dijo “¿qué fue lo que viste?”


Sin dudar le dije, “he visto todo, absolutamente todo querida. Tu matrimonio está en mis manos”. Ella no sabía qué hacer, me preguntaba qué era lo que quería yo de ella. Le dije que era obvio, era claro cuál iba a ser mi pedido. Le dije que quería que hiciera conmigo lo mismo que había hecho con el cocinero. Me miró extrañada, quizás con un poco de ira en su mirada. “¡Estás loco!, eres el novio de mi hermana y además como puedes apreciar ya soy una mujer casada”, dijo mostrándome su sortija en el dedo. Le respondí diciéndole que ya era una mujer casada mientras follaba con el cocinero; que estaba en mis manos la decisión de convertir, o no, su matrimonio en un escándalo de inmensas proporciones. No tenía como zafar; permaneció en silencio por un par de segundos y al verse derrotada accedió de mala gana a mi pedido.
Me llevó junto al cocinero, al lado de la puerta era un riesgo total hacerlo. Además el mesón en que la había cogido hace solo unos minutos el cocinero parecía tener cierto embrujo para Laura. Mientras el cocinero estaba pendiente de la puerta, Laura se sentó en el mesón, abrió las piernas y me invitó a empezar. Su vagina era preciosa, tan deliciosa como la había imaginado un par de años atrás. Sabiendo el lio en el que me estaba metiendo debía ser precavido, no podía desvestirme allí, fácilmente podrían encontrarme con los pantalones abajo; así que saqué mi pene por la abertura de la cremallera. No hubo tiempo para deslizar mi lengua sobre su coño, me habría encantado hacerlo, pero no era el momento. Agarré mi pene con una mano y lo conduje por entre su muy deliciosa vagina. No sabía si Laura era una mujer reprimida, o sencillamente no quería hacer ruido, o si le generaba tan poco deseo. La follé con muchas ganas, mientras la hundía con todo el empeño del mundo, bajé su vestido lo suficiente para que sus senos quedarán al aire. Eran lindos, un poco caídos pero eran de buen tamaño. De verdad que Laura se me hizo un poco fría, algo rígida, no era de moverse mucho ni de gemir. Algo aburrida, pero yo no dejé que eso me arruinara el momento.
Laura me apuraba porque tenía que volver con los invitados, al ver su mala actitud y el apuro que tenía decidí moverme muy rápido y fuerte, buscando correrme lo más pronto posible. Me dejé llevar tanto que no hubo tiempo de sacarla. Era la primera vez que terminaba adentro y sin protección con una mujer de esta fogosa familia. Una vez que terminé, permanecí unos segundos allí, inmóvil, pegado a ella. Laura se quedó mirándome fijamente, se veía la ira y el odio en su expresión.
“¡Sacala rápido maldito cerdo!”. Saque mi pene y volví a reacomodarlo en mi pantalón. Le dije que debía volver al salón con un par de tragos en las manos, me los dio muy apurada, y salí rápidamente de allí rumbo a la mesa.

Majo lucía feliz en la mesa, charlando con los otros invitados. Le llevé la copa y al notar que la conversación que mantenía con los invitados era acerca de los planes de bodas que le estaban armando a Majo supe que tenía que huir antes de verme comprometido con alguna declaración de esas que salen obligadas por presión social.

Me levanté y salí del recinto. Necesitaba aire y además tenía deseos de fumar. Afuera me encontré a Mariajosé, la madre de mi novia. Vi que era el momento perfecto para preguntarle por su raro cambio de ánimo y actitud hacia mí desde esa noche en que follamos. Me aclaró que no era nada personal. “Fimplemente fue que cuando preguntaste si yo era feliz, y te dije la verdad, me di cuenta de lo desgraciada que es mi vida junto a mi marido. Eso me hizo sentir miserable y deprimida”. Una vez que terminó de hablar estuvimos en silencio por unos segundos, sin saber que decir o qué hacer, le di un abrazo y volví a entrar al salón para buscar a Majo.

QUINTA PARTE: Tentando al destino

Ir a la boda de Laura fue una buena decisión. De verdad que mi relación con Majo tomó un segundo aire a partir de ese día. Obviamente que peleábamos ocasionalmente, pero no tanto como en el último año. Y es que para Majo solo surgieron buenas noticias a partir de ese día. Consiguió que renovarán la beca de sus estudios por un año más, había conseguido un buen trabajo que alternaba con sus estudios; su dicha fue mayor cuando se enteró de que sería tía y veía como de a poco, y con mucho esfuerzo, conseguía que su relación conmigo se fuera afianzando...

Twitter: @felodel2016


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11-06-2020
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