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Follé con mi novia, su madre y sus hermanas (Capítulo 1)
#1
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(Modificado por: felodel2005.)

Una tarde como cualquier otra decidí pasarme por el apartamento de María José, mi novia de ese entonces y a quien yo de cariño llamaba Majo. Camino a su departamento le compré unas flores y una botella de vino. Planeaba llegar de sorpresa y pasar una tarde, y quizás noche, tranquila en su apartamento. 
 
Cuando empezamos a salir los dos teníamos 20 años. El primer año de relación fue algo de lo habitual, mucho cariño y amor en un principio, y luego peleas ocasionales, pero sin perder nunca la pasión por el otro. Debo confesarles la verdad, Majo no era la mujer más atractiva que existe, ni está, ni estará cerca de serlo. Tenía una cara preciosa, muy finita, de ojos grandes y de un verde intenso, como la morralla de la esmeralda. Una nariz elegante, fina, como mandada a tallar; sus labios no eran ni gruesos ni delgados, estaban en un punto medio en lo que refiere al tamaño, pero siempre lucían de un hermoso color rosado. Su sonrisa era perfecta; su pelo era largo, negro, liso y sedoso, contrastaba perfectamente con su rostro. Hasta ahí todo perfecto con su apariencia, pero solo bastaba con bajar un poco la mirada para decepcionarse. Majo era excesivamente delgada, difícilmente superaría los 40, o como mucho, los 42 kilos. Sus senos eran dos pequeñas pelotitas decoradas a la perfección con esos pezones rosas. Por su extrema delgadez su cintura no lucía tan bien como debería, debido a sus pequeñas caderas no alcanzaba a notarse la linda curva de su cintura. Su abdomen era plano y marcado, el mejor atributo de todo su cuerpo. Sus piernas eran dos delgados tubos que para muchos de mis amigos solo generaban lástima; a mí, por el contrario, me calentaban; debo decirles que me calientan casi todas las mujeres, pero tengo una extraña fijación con las flacas.
 
Pero todas las carencias que tenía Majo en su cuerpo las equilibraba con su forma de follar. Era una mujer muy caliente, su apetito sexual era constante e insaciable. Además, tenía dos grandes ventajas, ante ese cuerpo que fue pocamente dotado por la naturaleza, al ser tan delgada, su vagina se hacía tremendamente apretada; lo hermoso de su rostro y lo expresivo de sus ojos generaban una obsesión por mirarla al rostro cuando la follaba, el placer reflejado en su cara era casi imposible de encontrar en cualquier otro rostro.
 
Toqué el timbre de su apartamento y fue ella misma quien me atendió. Me hizo pasar, nos saludamos con un gran beso, charlamos por un rato. Para esa época Majo vivía con sus padres, su hermana menor y una de sus hermanas mayores, la otra vivía en su propio apartamento. Entre todas tenían un gran parecido, menos la que no vivía allí. Esa tarde estaban en casa sus padres y su hermana menor; se alistaban para salir de viaje, Majo no iría porque implicaría invitarme y como yo había llegado por sorpresa quedaba en el olvido la idea de hacerlo. A última hora Esperanza, la hermana menor, dijo a sus padres que se sentía mal, que tenía un fuerte dolor de estómago, por lo que prefería quedarse en casa. Por supuesto sus padres no pusieron mayor objeción y dejaron a Majo al cuidado de su hermana menor. Sería entonces un paseo romántico para los padres de Majo, se irían solo los dos y con seguridad aprovecharían para desfogar todos sus deseos. Aún sin tenerlo muy claro, eso me generaba algo de rabia. No podía soportar el hecho de tener que enterarme que se iban a coger a María José, la madre de Majo, si, tenían el mismo nombre. Yo amaba a Majo, por lo que hasta ese entonces jamás la había traicionado, claro que tenía muchas fantasías con otras, entre esas la madre de Majo, pero allí quedaban, en fantasías. Era un hecho que el padre de Majo se follaba a su mujer, bastaba nada más con ver la cantidad de hijas que tuvieron.
 
Se hizo de noche y yo aún estaba en casa de Majo, pedimos una pizza a domicilio y teníamos como plan ver alguna película, luego a dormir. Los dos sabíamos que íbamos a terminar follando, pero tendríamos que esperar un rato largo mientras Esperanza se dormía.
 
Esperanza no era una niña pequeña, tan solo era un par de años menor que Majo; no sé por qué, pero a Majo le daba pena ser descubierta por su hermana mientras tenía sexo. Me hago la pregunta, es porque con Majo follábamos en casi cualquier lugar, la adrenalina de ser atrapados era una de las grandes motivaciones de Majo para calentarse. Por eso no entendía cuál era el problema de que su hermana quizás nos oyera mientras lo hacíamos. 
 
Decidimos entonces ver si estaban dando alguna película buena en la televisión, Al no encontrar nada hicimos un pago por ver. Elegimos una llamada Noche de miedo. Por cierto, les recomiendo que no la vean jamás, es de las películas patéticas y mal hechas que he visto en la vida.
 
La película era mala, Majo lo sabía, pero trataba de concentrarse en ella porque podría mejorar. Yo me concentré en pasarla bien con Majo. Poco a poco fuimos pasando de unos inocentes besos a un acalorado momento en el que yo le pasaba mi lengua desde su cuello hasta el borde de sus senos. La besaba con pasión y le acariciaba desde su espalda hasta su culo. Vale aclararles que hasta ese entonces seguíamos vestidos. 
 
Majo estaba un poco más contenida, habitualmente ya me tendría el pene afuera y estaría dando unos pequeños toques en la punta con la punta de su lengua. Pero esa noche no, insistía en que debíamos esperar y asegurarnos de que Esperanza estuviera dormida. Yo no podía esperar más, Majo me había acostumbrado a desearla y a tenerla, así que por más que ella insistió en esperar un rato, yo no quise. Seguí besándola y tocándola, Majo me decía que no, con sus palabras, pero sus gestos me decían que siguiera. Yo sabía que Majo estaba caliente y que tarde o temprano cedería a la presión de sus deseos.
 
Seguí besándole el cuello por un buen rato, al mismo tiempo levanté su camisa y empecé a tocar suavemente sus pequeños senos. Eran diminutos, pero como me gustaba ponerlos en mi boca. Mientras lo hacía, Majo cerraba sus ojos, dejaba caer su cabeza hacia atrás y disfrutaba del momento. Yo, siendo un adicto a su cara, buscaba mantener mi mirada en ese punto; sin embargo, por el rabillo del ojo alcancé a ver que Esperanza nos miraba desde el pasillo que conduce a las habitaciones. Estaba allí asomando nada más la mitad de la cara y viendo todo.
 
Esperanza se dio cuenta de que yo la había visto. Aun así, no le importó, siguió parada allí observando. Yo no sabía qué hacer porque apenas la vi, sentí un escalofrío que me bajaba por la espalda, podíamos estar en problemas; Esperanza nos había descubierto y quizás el recelo de Majo por ser descubierta tenía algún fundamento. Me quedé observándola entonces para ver que reacción tenía, permaneció allí inmóvil; por ratos se dibujaba una pequeña sonrisa en su rostro mientras mantenía fija su mirada en nosotros. Alternaba su sonrisa con el gesto de apretar su labio inferior con sus dientes. Al ver que no haría nada continué mi trabajo con Majo, claro, ocasionalmente desviaba mis ojos buscando saber que andaba haciendo Esperanza.
 
Poco a poco empecé a bajar con mi boca desde los senos de Majo hacia su abdomen y luego lentamente empecé a bajar su pantalón. Majo se estaba dejando llevar, no oponía resistencia, es más, manejaba mi cabeza con sus manos, pidiendo que no me detuviera mientras jugaba con mi lengua en su vagina. Majo estaba absolutamente concentrada en disfrutar, al punto que se olvidó del carácter prohibitivo que tenía la situación. Se dejó llevar, su respiración se agitó, pero cuando dejó escapar un par de gemidos supo que era el momento de parar. Ahí mismo fue consciente de que su hermana podría encontrarnos.
 
Pero Majo no podía quedarse con las ganas. Ya estando tan caliente era inconcebible no terminar la noche con un buen polvo. Como la situación estaba dada y solo debía asegurarse de que su hermana estuviera dormida, me detuvo y me lo dijo suavecito al oído. Iría sigilosamente, como quien hace algo prohibido, a revisar si Esperanza dormía, una vez que confirmara esto iríamos a su habitación a terminar lo que habíamos empezado en la sala. Majo subió su pantalón y tapó sus senos con su camisa nuevamente, se pasó la mano por la cabeza buscando peinar su pelo. Esperanza no había podido escuchar el plan de Majo porque me lo había susurrado, pero apenas la vio vestirse y arreglarse supo que tenía que huir.
 
Majo se puso de pie y sin hacer mucho ruido se acercó al cuarto de Esperanza. Allí la encontró, dormida bajo las cobijas. Majo volvió buscando guardar silencio para avisarme que teníamos vía libre para follar. Fuimos a su cuarto y cerramos la puerta buscando así guardar el mayor silencio posible. Empezamos a besarnos agresivamente, nuestras manos se enredaban en nuestros cuerpos mientras nos besábamos. La dejé caer sobre la cama y empecé a besarla en su abdomen, mientras tanto iba desabrochando su pantalón. Majo se deshacía de placer mientras yo volví a besarle su concha; estuve jugando nuevamente un rato a pasarle mi lengua por ahí, hasta asegurarme de que Majo estuviera lo suficientemente mojada. Debo confesarles que darle sexo oral a Majo era una de mis grandes obsesiones. 
 
Majo ahora, manifestaba su placer con mayor comodidad. Sus gemidos se hacían cada vez más presentes y más sonoros, claro que hasta ese momento trataba de ser prudente con el ruido. Una vez que vi a Majo ahí tendida sobre la cama, poseída por la lujuria y el placer me dispuse a follarla. A follarla con furia, salvajemente, como merecía ser follada. Siempre eran una odisea esos primeros minutos en que la penetraba; debido a lo estrecho de su coño, mi pene tenía que entrar lentamente, deslizarse con delicadeza en su rosada y caliente vagina. Era algo que me calentaba hasta más no poder; todo el preámbulo era como subirse a una montaña rusa y permanecer guardando la tensión hasta que el carrito llega a la cima, el momento en que la penetraba era como esa primera caída que incrementa los niveles de adrenalina hasta límites inimaginables, era alcanzar el nirvana.
 
Poco a poco iba aumentando el ritmo, nuestros cuerpos chocaban, nos mirábamos fijo al rostro mientras culeábamos; Majo era una mujer muy caliente, gozaba con apretar mis nalgas con sus uñas mientras yo la penetraba fuertemente. También gozaba arañando mi espalda, sabía que eso me calentaba lo suficiente como para hacerme terminar. De hecho, yo se lo decía, pero parecía no importarle. Creo que hallaba placer en hacerlo y encontrar que yo me reprimía con tal de seguir follándola.
 
Majo estaba excitada, pero era claro que aún estaba lejos de encontrar el mayor estado de excitación. Me pidió que paráramos por un momento mientras pegaba un porro. Esa era una de sus mayores fascinaciones, follar mientras estaba colgada.
 
Nos sentamos al borde de la cama y mientras ella armaba el porro yo seguía tocándole su vagina y besándole sus senos. Era imposible detenerse si se trataba de Majo, por lo menos para mí. Una vez que terminó de armarlo, me acostó sobre la cama, me montó y lo prendió. No lo fuimos rotando mientras cogíamos. El juego era sencillo, mientras ella fumaba yo utilizaba mis manos para acariciar sus caderas, su cintura, su culo, sus senos, su espalda, su cara; y mientras yo fumaba ella clavaba fuertemente sus uñas en mi pecho o en mi espalda, eso dependiendo de qué tan sentado o recostado estuviera.
 
Majo era de esas mujeres que disfrutaba mucho el sexo de pie, ya fuera que yo la alzara y ella me rodeara con sus piernas para sostenerse, o sencillamente que los dos estuviésemos de pie recargados, o no, contra una pared. Pero esa noche no lo hicimos; cuando lo hacíamos en dicha posición, Majo gritaba y ante la inminente posibilidad de ser descubiertos por su hermana preferimos dejarlo para otro día. Una vez que nos fumamos el porro nos detuvimos, era el turno de Majo acostada boca abajo en la cama, a mi poco me gustaba follar en esta pose con Majo, ya que así difícilmente podría ver su cara, pero a ella le encantaba y una de mis grandes obsesiones era hacer que Majo sintiera placer, mucho placer.
 
Una vez que la penetré estando en esta posición, Majo empezó a soltar esos lindos, tiernos y fuertes sonidos; eran una perfecta mezcla entre placer y dolor, música para mis oídos.
 
Majo ya no se medía, parecía que ya no le importaba que su hermana estuviera en casa, se estaba dejando llevar y yo, de solo pensarlo, me calentaba más y más. Volví a girarla, nuevamente yo estaba sobre ella, penetrándola con pasión y sin compasión. Majo me comía la boca de a ratos para evitar gemir, sin embargo, no duraba mucho haciéndolo. Yo no podía resistirme más, sabía que era el momento de acabar. Rápidamente saqué mi pene y lo situé a la altura de su cara, ahí terminé. De hecho, esa era mi gran fantasía con Majo y ella lo sabía, así que lo teníamos como un paso obligatorio cada vez que cogíamos. Ella sabía que mi orgasmo debía terminar en su cara o en sus senos. Además, debía ser así porque era prohibido terminar dentro de ella, más si consideramos que detestábamos usar condón.
 
Una vez que acabamos nos dejamos caer sobre la cama, muy agitados aún continuamos besándonos y acariciándonos. Parecía que Majo quería un poco más, ella sabía que si esperaba un par de minutos podría conseguirlo, pero prefirió no hacerlo porque ya habíamos hecho mucho ruido y si Esperanza no se había dado cuenta aún de que habíamos follado, en una segunda oportunidad no contaríamos con la misma suerte. Majo me besó largamente a modo de despedida. Me hizo vestir y me dijo que mientras ella tomaba una ducha para sacarse la calentura yo debía marcharme. La verdad que yo quería pasar toda la noche con Majo, ya fuera tirando de nuevo o sencillamente durmiendo junto a ella, pero ya había sido suficiente riesgo por esa noche y comprendía que ella no quería correr el más mínimo susto de ser sorprendida por su hermana. Para mí era claro que Esperanza sabía lo que habíamos hecho, ya nos había visto en la sala y seguramente había escuchado todo. Pensé en decirle a Majo que ya no había nada que ocultarle a su hermana, decirle que ella nos había visto en la sala, pero preferí no hacerlo para evitar una pelea.
 
SEGUNDA PARTE: El chantaje de Esperanza
 
Una vez que me vestí, decidí que lo mejor era marcharme. Salí del cuarto de Majo y me quedé allí quieto por un instante. Por la cabeza me pasó el pensamiento de averiguar si Esperanza nos había escuchado o no. Luego recapacité y pensé que no tenía mayor importancia, al fin y al cabo, Majo ya me había dicho que debía marcharme...


@felodel2016
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  • Kevinzaldivar
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#2
Publicado:

Eso de las flacas es cierto, nada mejor que sus chochitos apretaditos
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