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  • EL LOCO DESEO DE UN REPARTIDOR DE PIZZAS,
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EL LOCO DESEO DE UN REPARTIDOR DE PIZZAS


#1
EL LOCO DESEO DE UN REPARTIDOR DE PIZZAS, Estaba finalizando de bañarme me sentía relajada y sonó el timbre. No me daba tiempo a vestirme. Y volvió a sonar el timbre. Recién duchada, me recogí el pelo mojado y salí envuelta en una toalla a abrir la puerta.
– Buenos días. ¿Angélica?
-Sí, soy .
-Entrega singular.
Ahí estaba el repartidor. Una sonrisa abierta como su camisa y prisas por acabar la jornada. Con esa sonrisa fácil y abierta mostraba y escondía quien era realmente
Nuestras sonrisas se cruzaron. Me trasladé nuevamente a la ducha. Me imaginaba dándome una ducha bajo su mirada penetrante, con gel espumoso, mis piernas satinadas por el tacto de una loción frágil, sutil, inolvidable… La elección de la ropa interior… sería el instante de escoger como lo amaría, delicadamente, turbia y obscura como sabía hacerlo desde hacía demasiado tiempo.
-Firme acá, por favor, en la línea de puntos.
-Gracias. A tiempo.

No podía dejarlo marchar con esa sonrisa picarona, esa camisa ajada y ese mechón ameno que se mostraba rebelde en su sien. No, no podía, no debía.

Él no me quitaba ojo. Mi piel aún estaba mojada. Me puse de puntillas para poder acercarse a su oído y susurrarle… Lo cogí por el cuello para poder aspirar esa mezcla tan excitante de fragancia masculino y trabajo limpio. Lo atraje cara mí y cerré la puerta con habilidad mientras que lo besaba por el cuello y envolvía mis dedos en su pelo.

Me besaba sorprendido y encantado al unísono. Le desabrochaba cautelosa y entretenida la camisa, y besaba su cuello, su pecho,… bajaba mis manos cara el cinturón, y de este modo me atrajo incluso más: sin camisa, con pantalón y guiándome por el cinturón. Mientras que mi toalla se deslizó a la altura de la cadera, primero, y cayó al suelo al fin. Desnuda, mi pecho frío, mi vientre,… estaba muy excitado.

Le llevé al baño. Me arrodillé él con el cauteloso ademán de quitarle el cinturón, el pantalón y la lencería. Su pene estaba fuerte y decidido, era perfecto en su forma, su tamaño, su textura, color, su fragancia,…. invitaban a llevárselo a la boca con el cuidado y la sabiduría precisas, con el ritmo conveniente, la intensidad justa de lamerlo, mordisquear el balano, meterlo entero en mi boca, deslizar la lengua en todas y cada una de las direcciones, bajar hasta los testículos y besarlos y lamerlos, y oírlo a él gemir, respirar y sentir sus dedos en su pelo,…

Cuando ya no podía más, me sujetó fuertemente, me subió, y me besó por todo el cuello, en la boca, ¡de qué forma se recreó con los pechos! Jugó con mis pezones pezones, tímidos, claros, pequeños, amenos y entregados.

Me apartó las piersinas y metió los dedos en mi sexo. Se inclinó hasta esa altura para jugar con el sexo oral… Me sació lamiéndome y me obsequió un clímax tan intenso con la punta de su lengua… gemía y sonreía al unísono.

No aguardó más. Y frente al espéculo del baño me penetró. Los dos de lado, un perfil bello, divino y excitante. Lo hacíamos en silencio pues nuestras bocas se tapaban con las manos. Me puso frente al espéculo y me entró en mí nuevamente. El silencio se transformó en una insensatez de gemidos provocados por el más puro placer.
Su corazón reventaba involuntariamente parar, hasta el momento en que su clímax se compasó y volvió el silencio.
[Imagen: tr1.png]
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